El impuntual y tu muerte

Lo que más me ha inquietado siempre del impuntual es que parece estar orgulloso de su impuntualidad:

  • Yo soy suuuuuuuuuuuper impuntual.

Dicen algunos con la sonrisilla en la comisura de los labios. Qué risa, eh, hijoputa. Tenía una amiga que era muy impuntual, lo sabía, pero necesitaba serlo, era algo así como una diva. Todos esperábamos cómo terminaba de retocarse sus labios carmesí, su perfecto eyeliner que nos miraba casi rogándonos perdón, pero que, ¿y lo perfecto que era? Bajaba las escaleras como Norma Desmond en su gran escena final. Todos mirábamos lo guapa que estaba y le ladrábamos por su impiedad temporal.

Tuve un novio muy impuntual, era muy presumido y yo siempre solía esperarlo mínimo treinta minutos. Yo no era menos presumida. Pero tengo una puntualidad enfermiza. Puede que sea TOC.

Hablaba con un amigo que hay algo de malévolo en el impuntual. Es una deducción muy lógica. El tiempo es oro. Envejecemos con el tiempo. Perder el tiempo es uno de los grandes temores del individuo. Irnos habiendo perdido el tiempo. Así que hablaba con este amigo de que siempre tuve la teoría de que el impuntual desea tu muerte. No es que desee que te mueras, pero desea tu muerte. Mi tiempo no es su tiempo, así que no le importa. Así que, querido amigo puntual, puedes morirte. Diez minutos y estoy en tu funeral. Y joder, es el día de tu funeral, y sabes que no son diez minutos. Nunca son diez minutos.

yo esperando a mis amiguitos
yo esperando a mis amiguitos 🙂
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Un comentario en “El impuntual y tu muerte

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